Los cafés juegan un importante papel en la sociedad marroquí, donde cada barrio, callejón o calle de cualquier ciudad puede contener cuatro o cinco cafés; cualquier pequeño pueblo pequeño tiene uno.
No es raro ver a alguien sentarse con un amigo, quedarse una hora o más y nunca pedir nada. En Marruecos, de Casablanca a Tánger, de Marrakech a Fez, y de Rabat a Uchda siempre hay una nostalgia como de histórica cafetería.
Dentro de Marruecos, ninguna otra ciudad puede igualar la histórica cultura de los cafés de Tánger.