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Salud

La difícil situación de los pacientes que llegan a los hospitales de Tánger

En las primeras horas de la mañana, pacientes de pueblos y aldeas vecinas llegan a los hospitales de Tánger, portando sus expedientes médicos y pequeñas bolsas con agua, medicamentos y comida que pueden llevar consigo.

Muchos de ellos han viajado decenas de kilómetros desde Uezán, Larache, Alcazarquivir, Chauen, e incluso Tetuán, con la esperanza de conseguir una cita, un examen o una consulta con un especialista.

Pero el proceso de tratamiento no termina en la puerta del hospital. Allí, para muchos pacientes y sus acompañantes, comienza otra etapa de sufrimiento, caracterizada por largas listas de espera, hacinamiento y falta de algunos servicios, en un panorama que somete a los hospitales de Tánger a una presión cada vez mayor debido a la afluencia de personas procedentes otras localidades del norte marroquí.

En los pasillos y salas de espera las mismas escenas se repiten. Los pacientes permanecen sentados durante horas en sillas, sus acompañantes esperan en las puertas y rostros cansados ​​observan los movimientos del personal médico, aguardando una llamada, indicación o una nueva cita.

Para muchos, no se trata solo del dolor de la enfermedad, sino también del coste del transporte, el largo trayecto y la incertidumbre dentro del hospital.

Los familiares de los pacientes afirman que, en muchos casos, viajar a Tánger se ha vuelto casi indispensable debido a las limitadas opciones de atención médica o a la falta de ciertas especialidades y servicios en sus localidades de origen.

Algunos añaden que el viaje comienza antes del amanecer para llegar a tiempo y, en ocasiones, termina ya de noche con el regreso a casa sin completar la consulta o con la obtención de otra cita tras largas horas de espera.

En los alrededores del hospital, los efectos de esta presión son claramente visibles. Los taxis llegan uno tras otro, y los acompañantes cargan expedientes y pequeñas bolsas. Los pacientes mayores o niños parecen agotados desde el momento en que llegan. Algunas familias se ven obligadas a llevar comida. Otras calculan cuidadosamente el coste del viaje, porque cada visita supone un recorte más en un presupuesto familiar ya limitado.

En una de las salas de espera, una mujer que vino de las afueras de Uezán para un chequeo médico comenta que está acostumbrada a viajar a Tánger cada vez que necesita una consulta con un especialista. Añade que lo que más la agota no es solo la enfermedad en sí, sino el viaje, el coste del transporte y la larga espera. Afirma: ″A veces se pierde un día entero en una consulta que puede terminar con otro aplazamiento”.

Quienes los acompañan sostienen que la dificultad radica no solo en el hacinamiento, sino también en la falta de información clara: ″¿Adónde deben ir? ¿Cuándo les toca el turno? ¿Se realizará el examen el mismo día o se pospondrá?” Esta incertidumbre aumenta la ansiedad, especialmente para los pacientes con enfermedades crónicas, personas mayores y familias con niños.

Retrasos y sufrimiento

El sufrimiento de los pacientes se hace más evidente en los casos que requieren seguimiento frecuente o exámenes exhaustivos. Cada retraso implica un viaje adicional, gastos extra y más horas de espera. Algunos pacientes afirman conocer los pasillos y departamentos mejor que la entrada del hospital, debido a sus repetidas visitas.

Por el contrario, los analistas reconocen que la presión sobre los pacientes no solo refleja la situación en los hospitales de Tánger, sino también un desequilibrio más amplio en la distribución regional de los servicios de salud.

Cuando localidades enteras se ven obligadas a derivar a sus pacientes a Tánger, la ciudad del Estrecho se convierte en un centro que sobrepasa su capacidad, y sus instituciones sanitarias se enfrentan a una demanda creciente que los recursos no siempre pueden satisfacer.

Los testimonios coinciden que el coste social del tratamiento es tan significativo como el coste médico. Además del transporte, algunos acompañantes se ven obligados a faltar al trabajo o a dedicar un día entero a una sola visita.

En otros casos, las familias se ven obligadas a elegir entre continuar con el tratamiento en un hospital público, con todas las listas de espera que ello implica, o recurrir al sector privado a un coste difícilmente inalcanzable.
Muchos pacientes no culpan tanto al personal sanitario como a un sistema sobrecargado.

Médicos, enfermeros y personal administrativo trabajan bajo una gran afluencia diaria de pacientes, con recursos limitados y necesidades cada vez mayores. Pero el resultado para los que acuden sigue siendo el mismo: un largo proceso de tratamiento, marcado por la distancia, tiempo e incertidumbre.

En este contexto, los observadores plantean una cuestión más amplia que va más allá de la simple gestión de citas en los hospitales de Tánger. ¿Es suficiente con ampliar la capacidad, o para aliviar la presión, también es necesario fortalecer los hospitales de las localidades vecinas y proporcionar servicios especializados que reduzcan la necesidad de que los pacientes se desplacen con frecuencia?

Para muchas familias, el problema ya no radica solo en llegar al médico, sino en todo el proceso: desde la entrada del hospital hasta la ventanilla de registro, desde la espera hasta la consulta, desde la cita inicial hasta la aplazada.

Entre estas etapas, se pierde mucho tiempo, aumenta el cansancio y la situación se agrava para los pacientes que acudieron a Tánger en busca de tratamiento, solo para encontrarse con una lista de espera interminable.

Centro Hospitalario Universitario (CHU)

Así con este panorama, el Centro Hospitalario Universitario (CHU) de Tánger, uno de los proyectos sanitarios modernos más importantes del norte de Marruecos, sufre a diario una saturación que profesionales y ciudadanos han calificado de “muy preocupante”, con escenas para conseguir una cita médica, lo que plantea interrogantes sobre su acceso.

El hospital registra desde primeras horas de la mañana una importante aglomeración de pacientes y familiares, buscando conseguir un número, que les permita acceder a los servicios o realizarse exámenes médicos. 

A pesar de la modernidad de las infraestructuras del hospital, las escenas de caos "son incompatibles con la imagen del proyecto real creado para mejorar la atención sanitaria en la región", en medio de crecientes peticiones de un sistema sólido de gestión de citas para aliviar la presión sobre la administración.

Los pacientes en Tánger están ocupados haciendo cola, donde los servicios se miden, no por el número de médicos, sino por el número de ‘vueltas’ de los pacientes a la oficina de citas.

Solicitar una radiografía o una exploración se convierte en una especie de misión imposible, y lograr una cama en los servicios de urgencias es una de esas utopías postergadas.

En el CHU nadie pregunta por la calidad del tratamiento, sino por la posibilidad de recibirlo. Nadie habla de igualdad de acceso a la atención sanitaria, sino si puede permanecer en espera.

El CHU, que presta servicio a vecinos de varias localidades de la región Tánger-Tetuán-Alhucemas, recibe cada vez más pacientes, aunque hay "recursos humanos y administrativos limitados para gestionar este volumen de demanda", lo que impacta en la calidad de los servicios prestados y agrava el sufrimiento de los usuarios.

Las voces de la sociedad civil, además de sanitarios, pidieron una "reforma inmediata" de los procedimientos de acceso, mediante soluciones que incluyan el refuerzo del sistema de cita digital, la ampliación del horario laboral y el refuerzo del personal de recepción, para preservar la imagen del centro hospitalario.